Wednesday, May 22, 2019

Amar como Jesús amo

La mención de Judas en el evangelio de hoy nos lleva a pensar que hay discípulos que no han aceptado al Maestro, que aún después de convivir con él no están dispuestos a seguirle por el camino que ha mostrado. Como Judas han roto con el mundo de Dios, se apartan de Jesús traicionándolo.

Jesús ha enseñado que para vivir hay que morir, que para reinar hay que sufrir. La vida del cristiano aún en los momentos de prueba está marcada con la esperanza de la vida eterna, esto da un sentido sobre natural a la vida cotidiana. Caminamos hacia la plenitud de la vida divina, por eso podemos superar cualquier dificultad que surja en la vida.

Los discípulos debemos amarnos como Jesús amó, porque fuimos amados primero. Sólo quien es amado y se siente amado es capaz de amar. El amor de Jesús es constitutivo del amor fraterno. No se trata sólo de amar, sino que, debe ser la atmósfera en que se viva cada día y donde se halla la fuerza para amar a los semejantes.

El estilo de amar de Jesús es inconfundible. Sólo parece interesarse en hacer el bien, acoger, regalar lo mejor que él tiene, ofrecer amistad, ayudar a vivir. Lo recordarán así años más tarde en las primeras comunidades cristianas: «Pasó toda su vida haciendo el bien». Él se pone al servicio de quienes lo pueden necesitar más. Hace sitio en su corazón y en su vida a quienes no tienen sitio en la sociedad ni en la preocupación de las gentes. Defiende a los débiles y pequeños, los que no tienen poder para defenderse a sí mismos, los que no son grandes o importantes para nadie. Se acerca a quienes están solos y desvalidos, los que no tienen a nadie.

Amar como Jesús amó, es un amor de entrega, de sacrificio de la propia vida por el bien de los demás. No se trata de un amor solamente humano, sino la continuación de la obra de Jesús. El amor mutuo debe ser manifestativo del amor que Dios tiene a la humanidad Este amor debe ser un signo atrayente, el testimonio para que los demás crean.                                                                                                
Con frecuencia vivimos indiferentes hacia quienes sentimos como extraños y ajenos a nuestro pequeño mundo de intereses. Lo que le distingue al seguidor de Jesús no es cualquier «amor», sino precisamente ese estilo de amar que consiste en saber acercarse a quienes nos pueden necesitar.

Obispo Rubén Ponce Puerto Rico
Homilia del 5to Domingo de Pascua
Ciclo Clagaresfamily@gmail.com

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