El que cree en mi no morirá,
sino que obtendrá la vida eterna
sino que obtendrá la vida eterna
¿Qué nos está diciendo, pues, la cruz de Cristo, que es en cierto sentido la última palabra de su mensaje y de su misión mesiánica? Y, sin embargo, esta no es aún la última palabra del Dios de la alianza: esa palabra será pronunciada en aquella alborada, cuando las mujeres primero y los apóstoles después, venidos al sepulcro de Cristo crucificado, verán la tumba vacía y proclamarán por vez primera: Ha resucitado. Ellos lo repetirán a los otros y serán testigos de Cristo resucitado…
Creer en el Hijo crucificado significa ver al Padre, significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal en que el hombre, la humanidad, el mundo están metidos. Creer en ese amor significa creer en la misericordia. En efecto, es esta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo específico de su revelación y actuación respecto a la realidad del mal presente en el mundo que afecta al hombre y lo asedia, que se insinúa asimismo en su corazón y puede hacerle perecer en la gehena.
San Juan Pablo II
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