Friday, June 5, 2020

El mismo David lo llama Señor


En la traducción griega de los libros del Antiguo Testa­mento, el nombre inefable con el cual Dios se ha revelado a Moisés, YHWH, es sustituido por el de Kyrios («Señor»). Desde entonces, Señor ha sido siempre el nombre habitual para designar la divinidad del Dios de Israel. El Nuevo Testamento utiliza este sentido fuerte del título «Señor», tanto cuando se refiere al Padre, como también –y esta es la novedad– cuando se refiere a Jesús, reconocido así como Dios. Jesús mismo se atribuye, veladamente, este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del salmo 110; pero también de una manera explícita cuando se dirige a los apóstoles. A lo largo de su vida pública, sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y sobre el pecado demuestran su soberanía divina.

Muy a menudo, en los Evangelios, algunas personas se dirigen a Jesús llamándole «Señor». Este título hace patente el respeto y la confianza de los que se acercaban a Jesús y esperaban de él ayuda y curación. Bajo la moción del Espíritu Santo, este título expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús. En el encuentro con Jesús resucitado, es adoración: ¡Señor mío y Dios mío! Es entonces cuando adquiere una connotación de amor y de afecto que será característico de la tradición cristiana: ¡Es el Señor!

Catecismo de la Iglesia Católica

§ 446-451.

Thursday, June 4, 2020

Amor a los hombres, amor de Dios


Hijo mío, esfuérzate con toda tu alma en adquirir el amor a los hombres, en el cual y a través del cual te elevarás hasta el amor de Dios, que es el fin de todos los fines. Vanos son todos los trabajos que no se hacen en caridad. Todas las buenas obras y todos los trabajos conducen al hombre hasta la puerta del palacio real, pero el amor es el que nos hace permanecer en él y nos hace descansar en el seno de Cristo.

Hijo mío, que tu amor no esté dividido interesadamente, sino que sea desinteresado, derramado por todas partes, a la vista de Dios. Cristo te dará el conocimiento necesario para comprender el misterio de esta palabra. Ama a todos los hombres como a ti mismo; más aún, ama a tu hermano más que a ti mismo; no busques solo lo que te conviene a ti, sino lo que es útil a tu hermano. Menospréciate a ti mismo por amor a tu hermano, a fin de que Cristo sea misericordioso y haga de ti un coheredero de su amor. Cuida bien de no descuidar esto, porque Dios nos ha amado primero y entregó su Hijo a la muerte por todos. El que camina por este sendero del amor, gracias a su trabajo, llegará pronto a la mansión que es el fin de sus esfuerzos. No pienses, pues, que el hombre puede alcanzar el amor de Dios, que se nos ha dado gratuitamente, antes de amar a sus hermanos en humanidad.

Youssef Bousnaya

María, madre de Dios

Paz a los hombres de buena voluntad Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad . No dijeron los ángeles: «Paz a los ...