Hijo mío, esfuérzate con toda tu alma en adquirir el amor a los hombres, en el cual y a través del cual te elevarás hasta el amor de Dios, que es el fin de todos los fines. Vanos son todos los trabajos que no se hacen en caridad. Todas las buenas obras y todos los trabajos conducen al hombre hasta la puerta del palacio real, pero el amor es el que nos hace permanecer en él y nos hace descansar en el seno de Cristo.
Hijo mío, que tu amor no esté dividido interesadamente, sino que sea desinteresado, derramado por todas partes, a la vista de Dios. Cristo te dará el conocimiento necesario para comprender el misterio de esta palabra. Ama a todos los hombres como a ti mismo; más aún, ama a tu hermano más que a ti mismo; no busques solo lo que te conviene a ti, sino lo que es útil a tu hermano. Menospréciate a ti mismo por amor a tu hermano, a fin de que Cristo sea misericordioso y haga de ti un coheredero de su amor. Cuida bien de no descuidar esto, porque Dios nos ha amado primero y entregó su Hijo a la muerte por todos. El que camina por este sendero del amor, gracias a su trabajo, llegará pronto a la mansión que es el fin de sus esfuerzos. No pienses, pues, que el hombre puede alcanzar el amor de Dios, que se nos ha dado gratuitamente, antes de amar a sus hermanos en humanidad.
Youssef Bousnaya
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