EVANGELIO DEL DÍA: 6 de Agosto de 2019
Transfiguración del Señor
Dn 7,9-10.13-14/2Pe 1,16-19/Lc 9,28b-36
En aquel tiempo, Jesús subió a un monte a orar, acompañado de Pedro, Santiago y Juan. Mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus ropas se volvieron muy blancas y brillantes. Y aparecieron dos hombres conversando con él: eran Moisés y Elías, que estaban rodeados de un resplandor glorioso y hablaban de la partida de Jesús de este mundo, que iba a tener lugar en Jerusalén. Aunque Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, permanecieron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando aquellos hombres se separaban ya de Jesús, Pedro le dijo: “Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pero Pedro no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los envolvió en sombra; y al verse dentro de la nube, tuvieron miedo. Entonces de la nube salió una voz que dijo: “Éste es mi Hijo, mi elegido. Escuchadle”. Después que calló la voz, vieron que Jesús estaba solo. Ellos guardaron esto en secreto, y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto.
COMENTARIO AL EVANGELIO POR MONS. CARLOS OSORO
A la gloria por la cruz
En el camino hacia Jerusalén sucede un acontecimiento revelador: Jesús manifiesta su identidad y su destino a los mismos apóstoles que estarán en Getsemaní. Su vida culminará con un doble acontecimiento: la cruz y la gloria, y los dos testigos de todo son los grandes profetas, Moisés y Elías. Lo que anunciaron las antiguas profecías se va a cumplir, tiene sentido y ellos lo manifiestan: para entrar en la gloria hay que subir a Jerusalén. También el Padre habla, manifestando a su Hijo, para ayudar a comprender todo lo que luego sucederá y que, por ahora, debe permanecer en secreto.
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