Saturday, May 30, 2020

Dos apóstoles, dos vidas, una iglsia

Dos apóstoles, dos vidas, una Iglesia

La Iglesia sabe de dos vidas; de ellas, una se desenvuelve en la fe; la otra, en la visión. Una, durante el tiempo de nuestra peregrinación; la otra, en las moradas eternas. Una, en medio de la fatiga; la otra, en el descanso. Una, en el camino; la otra, en la patria. Una, en el esfuerzo de la actividad; la otra, en el premio de la contemplación. La primera vida es simbolizada por el apóstol Pedro; la segunda, por el apóstol Juan.

Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero como ambos caminaron por la fe, en la vida presente, ambos habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura. Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el guía de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana. En efecto, no solo Pedro, sino toda la Iglesia, ata y desata los pecados. Ni fue solo Juan quien bebió en la fuente del pecho del Señor para enseñar con su predicación la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.

San Agustín

Sermones sobre el evangelio de san Juan, n. 124: CCL 36, 685

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