A cada uno lo llama por su nombre
Cuando Jesús se presenta como el buen Pastor, se sitúa en una larga tradición bíblica familiar a sus discípulos y a sus oyentes. El Dios de Israel, en efecto, se había manifestado siempre como el buen Pastor de su pueblo. Había escuchado sus súplicas, los había liberado de la tierra de esclavitud, los había conducido por su bondad en la dura marcha por el desierto hacia la tierra prometida… Siglo tras siglo, el Señor seguía conduciendo al pueblo, más aún, lo llevaba en brazos como el pastor lleva a los corderos. Lo había conducido después del castigo del exilio, llamándolo de nuevo y reuniendo a las ovejas perdidas para llevarlas a la tierra de sus antepasados.
Por este motivo, los que nos han precedido en la fe se dirigían a Dios filialmente como a su pastor: El Señor es mi pastor, nada me falta. Cuando, en la plenitud del tiempo, vino Jesús, encontró a su pueblo como un rebaño sin pastor y le dio lástima. En él se cumplieron las profecías y se concluyó la espera. Con las mismas palabras de la tradición bíblica, Jesús se presenta como el buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama a cada una por su nombre y da la vida por ellas. Y así habrá un solo rebaño y un solo pastor.
San Pablo VI
Mensaje para el día de las vocaciones de 1971.
Papa desde 1963 a 1978, llevó a término el Concilio Vaticano II.
Ha sido canonizado por el papa Francisco.
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