Saturday, May 2, 2020

También ustedes quieren marcharse?


Yo soy el pan vivo. Vosotros anheláis este pan del cielo, lo tenéis delante y no lo coméis. Con todo, no os condeno: ¿puede anular vuestra infidelidad la fidelidad de Dios? Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera. ¿Cuál es esta interioridad de la que uno no puede salir fuera? Un gran recogimiento, un suave secreto que no cansa, limpio de toda amargura de pensamientos malos, exento de los tormentos de tentaciones y dolores. ¿No es este el secreto en el que penetrará el siervo fiel y solícito que escuche las palabras: Entra en el gozo de tu Señor?
Para curar la causa de todos los males, es decir, el orgullo, el Hijo de Dios ha bajado y se ha hecho hombre humilde. ¿Por qué te enorgulleces, hombre? Dios se hizo humilde por ti. Podrías, quizá, avergonzarte de imitar la humildad de un hombre, ¡imita la humildad de Dios! Dios se hizo hombre; tú, hombre, reconoce que eres hombre: toda tu humildad consiste en conocerte como hombre. Dios, al enseñarnos la humildad, nos dijo: Yo he venido para hacer la voluntad del que me ha enviado. «He venido, humilde, a enseñar la humildad como un maestro de humildad. El que venga a mí se convierte en miembro de mi cuerpo. El que viene a mí será humilde, no hace su propia voluntad, sino la de Dios. Por eso no será echado fuera».
San Agustín

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