EVANGELIO DEL DÍA: 4 de Julio de 2019
13ª Semana Tiempo Ordinario
Gn 22,1-19/Mt 9,1-8
En aquel tiempo Jesús subió a una barca, pasó al otro lado del lago y llegó a su propio pueblo. Allí le llevaron un paralítico acostado en una camilla; y al ver Jesús la fe de aquella gente, dijo al enfermo: “Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados”. Algunos maestros de la ley pensaron: “Lo que éste dice es una ofensa contra Dios”. Pero como Jesús sabía lo que estaban pensando, les preguntó: “¿Por qué tenéis tan malos pensamientos? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados”. Entonces dijo al paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El paralítico se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente tuvo miedo y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.
COMENTARIO AL EVANGELIO POR MONS. CARLOS OSORO
El perdón: “la salud del alma”
A veces nos acercamos a Jesús desde una necesidad concreta, desde lo que nos agobia o inquieta. Pero Él nos da otra cosa, nos lleva más allá de lo que le pedimos y nos ofrece la “salud del alma”. Cristo nos libera del pecado que nos atenaza, nos frena y nos impide caminar detrás de Él: “¡Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados!”. A unos les parece demasiado (¡blasfema!) y a otros demasiado poco (¡qué fraude!), pero es lo que realmente necesitamos, lo que más nos conviene, lo único que puede sanarnos de verdad y para siempre. Reza: “Señor, ten misericordia de mí, que soy un pecador”.
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