EVANGELIO DEL DÍA: 26 de Julio de 2019
San Joaquín y santa Ana
Ex 20,1-17/Mt 13,18-23
En aquel tiempo dijo Jesús: “Oíd, pues, lo que significa la parábola del sembrador: Los que oyen el mensaje del reino y no lo entienden son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en su corazón. La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y al pronto lo reciben con gusto, pero, como no tienen raíces, no pueden permanecer firmes: cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fracasan en su fe. La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje, pero los negocios de este mundo les preocupan demasiado y el amor a las riquezas los engaña: todo eso ahoga el mensaje y no le deja dar fruto en ellos. Pero la semilla sembrada en buena tierra representa a los que oyen el mensaje y lo entienden, y dan una buena cosecha: son como las espigas que dieron cien, sesenta o treinta granos por semilla”.
COMENTARIO AL EVANGELIO POR MONS. CARLOS OSORO
La ingratitud: el mayor pecado
“De tal palo, tal astilla”, solemos decir. La memoria de san Joaquín y santa Ana nos recuerda que somos herederos, que no nacemos por generación espontánea, sino en una larga cadena de generaciones. Pero “el mayor pecado del hombre es la ingratitud, olvidar que somos herederos” (Ortega y Gasset) –incluso de la fe de nuestros padres–: que no nos hemos dado la vida y que el mundo no comienza con nosotros. Nos precede una Palabra de amor, una buena semilla (promesa) que debemos hacer fructificar con gratitud y responsabilidad: “Señor, Tú tienes palabras de vida eterna” (Sal 18).
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