EVANGELIO DEL DÍA: 3 de Julio de 2019
Santo Tomás, apóstol
Ef 2,19-22/Jn 20,24-29
En aquellos días Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos: “Hemos visto al Señor”. Tomás les contestó: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo: “¡Paz a vosotros!”. Luego dijo a Tomás: “Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!”. Tomás exclamó entonces: “¡Mi Señor y mi Dios!”. Jesús le dijo: “¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!”.
COMENTARIO AL EVANGELIO POR MONS. CARLOS OSORO
Tomás nos enseña a creer
Tomás nos enseña a creer, nos conduce a la fe desde su incredulidad, desde su necesidad de tocar las llagas de Jesús y, a través de la herida de su costado, de entrar en su Corazón. Él hace que no nos avergoncemos de nuestras dudas o titubeos, porque Dios se sirve de ellos. Nos anima a buscarle sin conformarnos, sin resignarnos a lo que dicen otros, sin dejarnos llevar por la moda del momento o lo políticamente correcto; nos anima a buscar el encuentro, acoger su Palabra, contemplar su rostro y comprender sus gestos. ¡No te conformes con menos! “Tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro”.
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