EVANGELIO DEL DÍA: 9 de Julio de 2019
14ª Semana Tiempo Ordinario
Gn 32,22-32/Mt 9,32-38
Mientras los ciegos salían, algunas personas trajeron a Jesús un mudo que estaba endemoniado. Jesús expulsó al demonio, y en seguida el mudo comenzó a hablar. La gente, asombrada, decía: “¡Nunca se ha visto cosa igual en Israel!”. Pero los fariseos decían: “El propio jefe de los demonios es quien ha dado a este el poder de expulsarlos”. Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias. Viendo a la gente, sentía compasión, porque estaban angustiados y desvalidos como ovejas que no tienen pastor. Dijo entonces a sus discípulos: “Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por eso, pedid al Dueño de la mies que mande obreros a recogerla”.
COMENTARIO AL EVANGELIO POR MONS. CARLOS OSORO
El pecado contra el Espíritu Santo
Sólo hay un pecado que no tiene curación, una enfermedad realmente mortal: la desesperación, el pecado contra el Espíritu Santo, la negación del poder y la misericordia de Dios. Porque “la omnipotencia de Dios se manifiesta sobre todo en su misericordia” (Francisco), en su compasión hacia la gente desvalida y agobiada como ovejas sin pastor, y en el curar sus enfermedades y dolencias. Sólo la desesperación, la desconfianza en la omnipotente misericordia de Dios, nos cierra a la gracia y la salvación y nos impide actuar en su nombre: “Señor, envía obreros a tu mies… envíame a mí”.
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