Sunday, July 7, 2019

Rubén Gonzalez 13a Domingo TO C

Seguir a Jesús exige tres cosas:
1. Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “No tener nada, no llevar nada”. No se pone el acento en la pobreza absoluta, sino en ser itinerante. El discípulo o la discípula lo mismo que Jesús, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de comodidad individual.
2. Ruptura con el pasado, con las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que atan y generan la muerte. Es necesario que los nuevos discípulos- discípulas miren adelante, que anuncien el Reino, para que desaparezca el pasado y vivan el proyecto de Jesús.
3.  Decisión irrevocable. Nada de vacilaciones, nada de componendas, ninguna concesión a las añoranzas y recuerdos del pasado, el compromiso es total, definitivo, la elección irrevocable. Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres que dejándolo todo se comprometen con la causa del Evangelio y, tomando el arado sin mirar hacia atrás, entregan la propia vida en la construcción de un mundo nuevo donde reine la justicia y la igualdad entre los seres humanos.
Por otra parte, observamos una nota de tolerancia y paciencia pedagógica en el evangelio de hoy. Un celo apasionado de los discípulos es capaz de pensar en traer fuego a la tierra para consumir a todos los que no acepten a Jesús... No admiten que otros piensen de manera diversa, ni respetan el proceso que ellos llevan. Jesús simplemente marcha a otra aldea, sin condenarlos.
El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Una invitación de Dios y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor a la Causa de Jesús podremos avanzar en su seguimiento. El seguimiento de Jesús ha de ser sin reservas, ni seguridades. Por eso, pregúntate: ¿Qué desafíos nos presenta el seguir a Jesús? ¿Qué ataduras hoy nos impiden seguirlo sin reservas? Que tus respuestas broten a la luz de la oración…

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